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Triunfo de Mathieu van der Poel en su debut en la temporada de ciclocross

El cielo gris de finales del otoño belga apenas podía apagar el brillo del arcoíris que cruza el pecho de Mathieu van der Poel (Alpecin-Fenix) cuando el campeón del mundo se coloca en la primera fila de la parrilla de salida del Scheldecross, la carrera con la que el gran dominador de la disciplina invernal del ciclismo, que avisaba de que llegaba en mejor forma a como lo hacía el pasado año a Ruddervoorde, hacía su debut en la temporada 2020-2021.

Lars van der Haar (Telenet-Baloise Lions) fue el que tomó la salida más rápida. A su rueda, como todo el mundo esperaba, Van der Poel dejaba claro desde el principio que no iba de farol cuando aseguraba, en las entrevistas previas, que no estar con los mejores sería un disgusto para él.

Eli Iserbyt (Pauwels Sauzen-Bingoal), líder de la general del Trofeo X2O con 1:20 de ventaja sobre Van der Haar, estudiaba desde atrás la evolución de los dos corredores neerlandeses hasta que decidió, mediado ese primer giro, tomar el mando de la carrera y acelerar un poco el ritmo para testar las fuerzas reales del hombre que representaba la gran incógnita del día.

Así, el hombre más en forma de lo que llevamos de invierno y aquel que con su sola presencia es capaz de infundir temor en todos sus contrincantes, comenzaron a abrir un importante hueco respecto a sus perseguidores más inmediatos, que se arremolinaban en un grupo en el que circulaban Van der HaarQuinten Hermans (Tormans), Michael Vanthourenhout, Laurens Sweeck (Pauwels Sauzen-Bingoal), Toon Aerts (Telenet-Baloise Lions) y Tom Pidcock (Trinity), aunque la separación entre ellos iba haciéndose cada vez más grande.

Mediado el segundo giro Va der Poel, que quizás albergaba dudas –habiendo visto cómo Wout Van Aert sufrió en la parte final de las carreras que lleva disputadas– sobre sus capacidades en la recta final de la prueba, decidió apretar el acelerador pasando por la línea de meta con diez segundos de ventaja sobre el campeón de Europa.

El corredor neerlandés, para el que ya hemos agotado todos los sobrenombres y superlativos, inició uno de esos monólogos tan bellos, dada su infinita elegancia sobre la bicicleta, como aburridos a los que nos ha acostumbrado durante todos estos años. Iserbyt pareció acusar de forma muy evidente el golpe psicológico de verse tan amplia y rápidamente superado por un corredor que, en teoría, no podía llegar tan fresco y tan insultantemente superior a su primera cita.

El belga decidió no cebarse tratando de seguir la cada vez más lejana sombra del arcoíris y pronto se vio también superado por Quinten Hermans, cuarto en la general a 2:54. Pero la gran dificultad de ir compaginando disciplinas con la frecuencia que lo hace Van der Poel no reside tanto en la capacidad física de soportar los distintos tipos de esfuerzo que requieren la ruta, el ciclocross y el BTT sino, sobre todo, no perder nunca el feeling necesario para no cometer errores técnicos que puedan acabar con las opciones de triunfo.

Van der Poel, siempre tan perfecto cuando la dificultad técnica de los tramos aumenta, cometió uno de esos errores tan poco habituales en él yéndose al suelo en uno de los tramos de profunda arena a orillas del Escalda. Desde ese momento, el campeón del mundo, que se estaba mostrando intratable, volvió a convertirse en un ser humano, algo que infundó nuevas fuerzas a Iserbyt, que dejó atrás a Hermans y no tardó en dar caza al de Alpecin-Fenix. La llegada del belga provocó una pequeña deceleración en cabeza que aprovecharon Hermans, Vanthourenhout y Sweeck para volver a enlazar con las primeras posiciones, algo que poco después, estuvieron a punto de conseguir también Van der Haar, Aerts y Pidcock.

Sin embargo, el campeón mundial y el continental consideraron que aquella multitud en cabeza no tenía sentido y volvieron a acelerar con fuerza. La batalla entre ambos trascendía mucho más allá de las fuerzas de cada par de piernas. La tarde de Amberes se había convertido en una pelea de egos, una lucha de gallos que tenían la necesidad, cada uno por sus propios motivos, de dejar quién es el macho alfa de este entretenimiento invernal.

El pulso tomó alcanzó un nuevo nivel tras el arranque de la antepenúltima vuelta. Van der Poel, que debía encontrarse muy bien, volvió a ponerse de pie sobre su bicicleta en las zonas más técnicas. Por detrás, Iserbyt, al que nadie había apretado tantísimo en las 13 carreras que lleva acumuladas en las piernas, cometía algunos de esos pequeños errores que, a este nivel, cuestan siempre algún que otro segundo que luego, cuando tu rival se llama Mathieu van der Poel y su palmarés contempla ya 132 victorias, no siempre tienes garantizado poder recortar.

Van der Poel, que no perdía su carrera de debut anual desde su tercer puesto en la Copa del Mundo de Koksijde en 2015, dejó claro que su regreso en la 2020-2021 no iba a ser una excepción a esa racha. Esperó hasta la última vuelta antes de lanzar el cambio de ritmo definitivo, ese al que Iserbyt ya no pudo responder, y dejar las cosas medianamente claras: nadie supera a Van der Poel si él está en carrera.

Y sí, además de ellos dos, había más corredores hoy dando vueltas en el circuito de la ribera del Escalda. Injustamente eclipsados por la belleza del intercambio de golpes entre Iserbyt y Van der Poel, Tom Pidcock y Toon Aerts protagonizaban otra preciosa pelea de la que el británico surgió vencedor para ocupar el tercer puesto del podio, el primero entre los humanos.

https://www.youtube.com/watch?v=2sOfLgHaem4&feature=emb_title

En la categoría femenina, el triunfo fue para Denise Betsema, que se impuso a Lucinda Brand, con Annemarie Worst en tercera posición.

Tras cuatro triunfos consecutivos y doce pruebas, todas las que ha disputado esta campaña, sin haberse bajado del podio, Lucinda Brand (Telenet-Baloise Lions) llegaba hoy a Amberes como la gran favorita al triunfo final. La corredora neerlandesa, que tuvo un mal día en la cita inaugural de este Trofeo X2O en el Koppenberg, quiso dar un golpe de efecto desde el primer momento y abrió un bonito hueco de casi diez segundos en la primera vuelta aprovechando un par de errores por parte de Ceylin del Carmen Alvarado (Alpecin-Fenix) que, en cualquier caso, supo recuperarse rápidamente y ya rodaba junto a la leona en el segundo giro.

Por detrás, la líder de la general, Yara Kastelijn (Credishop-Fristads) tiraba del grupito perseguidor tratando de no permitir que Brand pudiera recuperar esos ocho segundos que las separaban en la general del trofeo. Sin embargo, la corredora de Neerkant no había salido igual de entonada que sus rivales e, incluso, tuvo que dejar que Annemarie Worst (777) también la dejara de rueda para dar caza al dúo de cabeza.

El circuito, en cualquier caso, no facilitaba que se pudieran abrir grandes huecos y ya en el tercer giro teníamos conformado el quinteto que parecía que iba a comandar la carrera durante gran parte de la msima con Brand, Worst, Alvarado, Kastelijn y Denise Betsema (Pauwels Sauzen-Bingoal) o, en otras palabras, el top5 de una general en la que la campeona del mundo era la peor clasificada a 1:56 de Kastelijn antes de la salida.

Sin embargo, una vez más la mala fortuna, en forma de avería, se cruzó en el camino de Alvarado. La portadora del maillot arcoíris bloqueó su rueda trasera muy lejos de la zona de boxes, viéndose obligada a correr durante toda una eternidad con la bicicleta al hombro, una circunstancia que la dejaba, además de fuera de la pelea por el triunfo, también KO en la lucha por la general del Trofeo X2O.

La nueva configuración de la prueba, con las lógicas dudas que surgieron entre las corredoras de cabeza, fue aprovechada por Betsema, muy valiente, para lanzar un duro cambio de ritmo que nadie pudo igualar. La corredora neerlandesa del equipo de moda esta temporada, el Pauwels Sauzen-Bingoal, se supo construir un precioso hueco de unos diez segundos antes de que Brand, a la que todas se quedaron mirando, decidió reaccionar.

Se rompió entonces la carrera con Betsema por delante, Brand siguiendo y Worst haciendo la goma con la corredora del Telenet-Baloise Lions. La ganadora en Berna y Beringen arrancó el último giro con once segundos de ventaja sobre una Lucinda Brand que ya sólo podía confiar en una avería o problema de su compatriota para no ver interrumpida su racha ganadora.

Finalmente, ganó Betsema, que volvía a subirse a lo más alto del podio de una prueba perteneciente a una de las grandes challenges por primera vez desde, precisamente, el Scheldecross de 2018 mientras que Lucinda Brand, que se vació en la vuelta final y cerca estuvo de poner en aprietos a la vencedora, es la nueva líder del Trofeo X2O. Annemarie Worst completó finalmente el podio.

Info: Ciclo 21

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