Tecnología, métricas y el desafío de no perder la salud ni el disfrute en los deportes de resistencia.
Planificar el entrenamiento a partir de datos objetivos suele conducir a sesiones estructuradas, rígidas y altamente cuantificables. Entrenar por sensaciones, en cambio, remite al flow, a lo intuitivo, a la percepción interna del esfuerzo. Dos estilos que muchos entrenadores y deportistas consideran opuestos y hasta irreconciliables.
En esta edición –Parte 1– nos centraremos en el mundo de los datos objetivos y duros, dejando para la próxima entrega todo lo relacionado con el entrenamiento por flow: lo intuitivo, lo subjetivo, lo sensorial y perceptivo.
REFLEXIÓN INICIAL
¿Estamos frente a la era del exceso de información que nos desconecta del cuerpo y termina dañando la salud? ¿O ante una oportunidad histórica de acceder a información de calidad que, bien utilizada, puede transformarse en una herramienta de autoconocimiento y práctica deportiva saludable?
Nunca antes el deporte había contado con semejante volumen de información científica, estadística y tecnológica. Hoy disponemos de métricas, algoritmos, plataformas y dispositivos capaces de analizar cada sesión de entrenamiento al detalle: ritmo, potencia, frecuencia cardíaca, gasto energético y rendimiento.
Sin embargo, paradójicamente, cada vez más deportistas se sienten saturados, ansiosos y desconectados del disfrute genuino del deporte. Aumentan los casos de lesiones por sobrecarga, tanto en atletas recreativos como en deportistas competitivos. Esto nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿nos estamos convirtiendo realmente en mejores deportistas?

CUANDO MÁS NO ES MEJOR
Persiste la creencia errónea de que entrenar más siempre es entrenar mejor. Que si no hay sufrimiento extremo, el trabajo no sirve. Que si los resultados no crecen de manera constante, algo se está haciendo mal.
Esta lógica, sostenida en el tiempo, conduce inevitablemente a disfunciones: lesiones articulares, sobrecargas musculares, daños en tejidos no contráctiles, problemas en columna y cervicales, alteraciones cardíacas y, en algunos casos, consecuencias vasculares irreversibles.
Aquí surge una invitación clara: reflexionar sobre qué estilo de entrenamiento adoptamos, tanto como entrenadores responsables de otros, como deportistas comprometidos con nuestra práctica. Compromiso no siempre es sinónimo de competencia ni, mucho menos, de salud.
DOS ESTILOS, UNA MISMA BÚSQUEDA
Frente a esta realidad emergen dos perfiles bien definidos: el deportista fuertemente parametrizado, fiel a los datos, y el deportista que prioriza el flow y las sensaciones.
Este artículo no busca enfrentar ambos mundos, sino integrarlos. Reconocer fortalezas y debilidades de cada enfoque y dejar planteada una pregunta abierta al lector: ¿desde qué estilo preponderante estás entrenando hoy?
La misma pregunta vale para entrenadores y planificadores: ¿qué servicio estamos ofreciendo? ¿La mejora del rendimiento a cualquier costo o una práctica deportiva eficiente dentro de los límites de la salud?
HERRAMIENTAS DE ENTRENAMIENTO BASADAS EN DATOS
El entrenamiento moderno dispone de múltiples métricas que, bien utilizadas, permiten individualizar cargas, prevenir lesiones y optimizar el rendimiento.
Entre las más utilizadas se encuentran:
• Potencia y FTP (Umbral de Potencia Funcional): permite establecer zonas de entrenamiento individualizadas y planificar estrategias de carrera. Hoy, los vatios por kilo son una referencia clave en terrenos de montaña.
• Frecuencia cardíaca: a partir de valores como FC máxima, frecuencia en reposo y basal, se determinan zonas de entrenamiento que ayudan a controlar la intensidad del esfuerzo.
• Carga aguda y crónica (ACWR): herramienta fundamental para evaluar si los incrementos de carga son seguros o excesivos, reduciendo el riesgo de lesión.
• IF (Intensity Factor) y TSS (Training Stress Score): métricas que combinan intensidad y duración para cuantificar el estrés fisiológico de cada sesión.
• HRV (Variabilidad de la Frecuencia Cardíaca): indicador clave del estado de recuperación y del equilibrio del sistema nervioso autónomo, muy utilizado para ajustar la carga diaria.
Todas estas herramientas son valiosas. El problema no es el dato, sino cómo se interpreta y se aplica.
EL RIESGO DE PERDER LA CONEXIÓN
Cuando la métrica se transforma en un fin en sí mismo, el deportista corre el riesgo de entrenar para el número y no para el cuerpo. El ego, la comparación constante y la ambición desmedida pueden disfrazarse de disciplina, cuando en realidad esconden desconexión y desgaste.
Los datos pueden marcar una supuesta evolución, mientras que las consecuencias fisiológicas, psicológicas y funcionales revelan un estado de fatiga crónica o sobreentrenamiento.
CIERRE Y CONTINUIDAD
Entrenar con datos no es el problema. El desafío está en no perder la escucha interna, el disfrute y el respeto por los límites individuales.
En la próxima edición –Parte 2– nos adentraremos en el fascinante mundo del entrenamiento por flow, explorando cómo integrar sensaciones, percepción y experiencia con la tecnología, para lograr un rendimiento sostenible y saludable.
Patrick Sassoli
Entrenador y preparador físico olímpico. Fundador del método INSITE BIKING. Creador del método Live Biking, Director Stage One – Live Biking Pro Race Head Coach en deportes de resistencia
Contacto: 📩 [email protected] 📱 WhatsApp: +54 9 11 6405 6891 🌐 www.livebiking.com.ar IG: @livebikingpro / @patrickcoachsassoli / @insitebiking

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