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Elías Lucero: De estar al borde de la muerte, a ser deportista elite

En esta época de confinamiento tuvimos la oportunidad de dialogar con una verdadera historia de vida, con un ejemplo de superación como lo es Elías Lucero, que atravesó muchísimos obstáculos y estuvo al borde de la muerte varias veces.

Hoy se ha convertido en un deportista elite que representa a la Argentina en diversas competencias.

ELIAS, ¿DONDE ESTAS UBICADO ACTUALMENTE?

“Tengo 45 años y soy oriundo de José C. Paz. Acá hago mis entrenamientos confinado todos los días por esta pandemia, pero sino entreno en el Circuito de Bella Vista que es cuna de grandes campeones de ciclismo y de nuestro querido Maxi “Atómico Richeze” y su papá, el “Pata Richeze”. Sino entreno en el KDT o salgo a la ruta. Hoy no se puede salir, así que hacemos nuestro entrenamiento en el rodillo”.

¿DESDE CUÁNDO HACES DEPORTE?

“Desde muy chico fui nadador federado, de hecho mi mamá me enseñó a nadar desde bebé en el río Luján. Intenté practicar también varios deportes como el rugby, fútbol y ciclismo, pero mi fuerte fue siempre la natación, hasta que tuve una lesión en el Talón de Aquiles. Luego llegó la muerte de mi padre y tuve que comenzar una nueva vida para mí y para mi familia, ingresé a la Marina, estuve 3 años, me recibí y me enviaron a Puerto Belgrano, que queda cerca de Bahía Blanca, donde pude hacer diferentes cursos y seguir ligado al deporte. En 1996 me trasladan a Mar del Plata a la Escuela de Buceo, donde logré hacer el curso de Buceo táctico para Fuerzas Especiales, entre muchos más cursos que pude realizar”.

¿CÓMO FUE EL ACCIDENTE QUE CASI TE QUITA LA VIDA?

“En el 2001 comencé a trabajar como guardavidas en Mar del Plata y ese año, yendo al balneario, tuve un accidente de tránsito con mi moto. Iba muy fuerte, a 210 km/h, llegaba tarde y no quería perder el presentismo. Se me cruzó una camioneta y la colisioné de atrás y a esa velocidad, por más que tires un ancla, no la frenás. Además la maniobra la hizo a menos de 20 o 30 metros del lugar de la colisión así que no tenes tiempo de frenar. Con toda mi espalda rompí la cúpula de la camioneta y quedé entre hierros retorcidos y lo único que escuchaba era a este hombre insultándome”. 

¿RECORDAS ALGO DE ESE INSTANTE DONDE SE TE DETUVO EL TIEMPO?

“Me cortan el broche del casco que no me dejaba respirar, quiero incorporarme y no puedo. Pensé que tenía algún hierro de la camioneta que me estaba obstruyendo las piernas, se me cruzó por la cabeza que se me habían cortado las piernas. Llegan al lugar compañeros de trabajo que me reconocen y a Franco, uno de ellos, le pregunto si tenía las piernas y él me dice que sí. Le vuelvo a preguntar si había algo que me las obstruía porque no las sentía y él me dice que no, ahí es donde me di cuenta que me había lesionado la columna. Luego llegaron los bomberos y me sacaron de entre los hierros retorcidos”.

¿QUÉ SUCEDIÓ DESPUÉS EN EL HOSPITAL?

“En el Hospital le pedí a Dios que me ayude. Un grupo de neurocirujanos me operó y me indujeron a un coma. Allí en el hospital vi cosas muy feas, a los 5 días me despierto en una habitación común y ahí comienza mi rehabilitación dentro del hospital. Luego me pasan a una clínica de rehabilitación y el 20 de diciembre de 2001 me dan el alta, justo cuando explota el país y es ahí donde me choco con la realidad: con una casa que no estaba adaptada, tuvimos que readaptar todo. Sentí que no quería ser una carga para mi familia y quise tomar una decisión muy cobarde: quitarme la vida”.

¿POR QUÉ INTENTASTE QUITARTE LA VIDA?

“Estaba enojado conmigo, con todo el mundo… Tomé mi arma reglamentaria, bebí una botella de ginebra (eso que no soy de ingerir alcohol, pero era para agarrar coraje), tomé todos los medicamentos que había en mi casa y gatillé tres veces sobre mi garganta, pero el disparo no salió. Ahí fue donde perdí el conocimiento y me desperté al otro día: vi el desastre que había alrededor mío y allí hice un click en mi cabeza y dije: `de esta tengo que salir´”.

¿CÓMO FUE TU VUELTA AL DEPORTE?

“Cuando me dieron la oportunidad de hacer natación me propusieron entrenar en el CENARD y luego competir de manera nacional e internacional, de hecho tengo 2 medallas sudamericanas. En parte no les di mucha importancia, pero luego pensándolo bien el podio fue completo para argentinos y los demás puestos fueron de Brasil: me encantó cantar el himno, es algo que te llena de felicidad”.

¿CÓMO LLEGO LA BICICLETA ADAPTADA A FORMAR PARTE DE TU VIDA?

“En una competencia de aguas abiertas me cruzo con Juan Geny, que me dice que en una fundación de Estados Unidos (Challenged Athletes Foundation) te becan para los elementos ortopédicos que vos necesites para el deporte. Como mi idea era correr en triatlón, envié todos los formularios que me pedían y mi currículum deportivo y en diciembre del 2012 tuve mi primer silla de atletismo, aunque la mitad la tuve que pagar yo. Luego de eso salí a buscar una handbike, que es la bicicleta adaptada para poder competir”.

¿CÓMO LLEGASTE A OBTENERLA?

“Saqué préstamos, familiares y amigos me ayudaron a juntar la plata y así conseguí mi primer handbike. Mi primera competencia fue en Baradero y luego vinieron Campeonatos Argentinos y Panamericanos”.

¿FUERON DIFÍCILES LOS INICIOS EN LA BICI ADAPTADA?

“Difícil es pedalear con las manos y utilizar los brazos, es volver a adaptar tu cuerpo, tu tren superior. El entrenamiento que hacemos es igual al de cualquier ciclista. Fue complicado mi primer entrenamiento en la handbike: me dolían los bíceps, los tríceps y los hombros”.

¿ENTRENAS CON OTROS CICLISTAS?

“Sí, en el KDT cada tanto entreno y me prendo en el pelotón de los chicos de la escuela de Seba Donadío. Ellos para calentamiento hacen 10 vueltas a 35 km/h: para nosotros es espectacular ir atrás de los pelotones. Nos ponemos allí para no molestar, porque vamos a ras del suelo. Es hermoso, una sensación lindísima. Después de muchas salidas a la ruta tengo un grupo de amigos (GSB Cycling) en Ruta 6 o en Capilla: me traslado en el auto hasta allá, me uno a ellos y entrenamos juntos. También a veces tengo salidas en el circuito de Bella Vista”.

CONTANOS SOBRE LAS PRUEBAS DE CICLISMO ADAPTADO DONDE COMPETISTE

“Tengo dos Campeonatos Argentinos, competí tres veces en la Gran Fondo de Buenos Aires y en 2019 salí Subcampeón Argentino de Ciclismo adaptado”.

¿CÓMO TE ENTRENAS DE ESTE CONFINAMIENTO?

“Por suerte invertí mucho en elementos para entrenar en lugares confinados: hice un rodillo especial para la silla de ruedas y tengo un rodillo semi-inteligente que lo podés conectar a cualquier plataforma para entrenar y participar en carreras virtuales”.

¿COMPETISTE INTERNACIONALMENTE?

“Tenía la posibilidad de ir a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, pero era necesario viajar, sumar puntos y clasificar y yo dependo solamente de mi sueldo. No tengo sponsors y se me hizo muy difícil, porque debo arreglarme económicamente solo, aunque tengo gente amiga que me ayuda mucho con la ropa y los masajes, además de mi psicóloga deportiva”.

¿CÓMO FUERON TUS AVENTURAS EN LOS IRONMAN?

“Tengo una lista de 100 cosas que quiero completar y entre ellas estaba la de finalizar un Iroman, que son 3,86 km nadando, 180 km de ciclismo y 42,2 km de carrera. En mi primer participación, en 2017, me extendí demasiado en la transición y sumado al viento, me agarró el corte por tiempo y me dejaron fuera de carrera. Para nosotros, los para-triatletas, no hay un reglamento especial: es la misma distancia y tiempos para todos igual. Pero en 2018, con un tiempo de 14h20m22s, pude terminar el Iroman con todo un griterío de la gente cuando llegaba. Aunque todavía le siento un gustito agridulce, porque le recortaron distancia a la parte de natación por lo frío del agua”.

MENCIONANOS A TU EQUIPO QUE TE AYUDA EN TU PREPARACIÓN

“Mi familia. En su momento cuando estaba mi mamá, ahora es mi hermana y mi hermano que se encargan de todo, mi entrenador Hugo Bressani del Aero Team Pilar, mi nutricionista Marcia Orsani, mi psicóloga deportiva
Cecilia Bayona y mi masajista Florencia Gabriel”.

¿QUÉ MENSAJE LES DEJAS A LOS MAS JÓVENES Y GENTE EN GENERAL?

“Siempre me refiero a una frase que dice: “Algún día un empleado de una funeraria te va a afeitar”, porque todos vamos a llegar a ese momento. ¿Qué quiero decir con todo esto? Que las cosas que puedas hacer en vida, por mas difícil o complicado que parezca, las hagas”.

Info: Julio Reyes

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