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Un ciclista argentino culminó la carrera más dura del mundo

Patricio Doucet, nacido en Carlos Casares, dice sentirse físicamente muy cansado (“debo de haber perdido seis o siete kilos”), pero psicológicamente preparado para participar de nuevo el próximo año en la Red Bull Trans-Siberian Extreme. Se trata de la carrera ciclista más dura del mundo, que cubre un total de 9.100 kilómetros en 15 etapas y 25 días, siguiendo la ruta del legendario tren Transiberiano, entre Moscú y Vladivostok, lo que supone tres veces la distancia del Tour de Francia y el doble que la Race Across America.

Seis ciclistas de seis países participaron en la última edición de la carrera, en la que se impuso como ganador el alemán Pierre Bischoff. Casi todos los corredores eran profesionales, no así Patricio, que trabaja en labores de mantenimiento y reparación en Lanzarote, lo que le impide dedicar el tiempo de entrenamiento que requiere la preparación para este tipo de pruebas de larga distancia.

“Intento arrancar kilómetros como sea cada día”, explica. “A veces me levanto a las cuatro y media para salir a entrenar. Sobre las ocho y media tengo que entrar a trabajar y, después, a las ocho de la tarde voy al gimnasio”.

Los fines de semana cuenta con un compañero habitual para entrenar tiradas largas, el ciclista Miguel Ángel Perdomo, que suele partir a las cinco de la mañana. “Yo me uno a él sobre las ocho, cuando ya lleva unos 80 kilómetros recorridos. Después andamos juntos siete horas y yo sigo después solo”, dice Patricio, que asegura no dormir más de cuatro o cinco horas al día.

El corredor compitió por Lanzarote y fue el primer representante de España y de Argentina en esta prueba ciclista. “Llevé la bandera de la Isla porque pude participar gracias a los patrocinadores Turismo Lanzarote, European Sport Destination, Vik Hotel San Antonio, Haría Extreme, Ayuntamiento de Haría y Tripasión”, cuenta Patricio, que espera poder competir el próximo año con un sponsor de bicicletas, “lo que supondrá un gran ahorro”.

La inscripción en la Trans-Siberian Extreme supone un precio alto para un deportista no profesional como Patricio, quien, sin embargo, ha cautivado a la organización, que ha sufragado el cincuenta por ciento del importe “porque les hacía ilusión que participe”, dice.

El ciclista cree que este interés se debe a su evolución en la prueba, ya que, aunque no logró alcanzar en ningún momento el grupo de cabeza, en las últimas etapas no sólo lo consiguió, sino que incluso llegó a ganar la penúltima etapa. “Creo que en este tipo de retos interesa un perfil como el mío”, asegura.

La carrera, de por sí llena de dificultades, fue para el competidor de Lanzarote doblemente accidentada por las contingencias vividas. “El reglamento permite llevar a una persona de confianza, que se denomina ‘amigo’ y viaja en el furgón de apoyo con el equipo, que es relevado cada cuatro horas. Es prácticamente imposible estar solo durante la carrera, pero, en mi caso, fui a pinchar justamente en uno de los cambios, y mi amigo, Armando Armellini, tuvo que avisar por radio para que vinieran a cambiar la rueda”.

En otra etapa, arrancó el cambio trasero, lo que le produjo tres horas de parada. Pese a todo, su participación en la Trans-Siberiana ha ayudado a Patricio a conocer los trucos de resistencia para afrontar esta prueba extrema. “La primera vez que competí me alimentaba de geles, pero he comprobado que en ultradistancias es mucho más recomendable comer alimentos corrientes, sándwiches de pan blanco, fruta, coca-cola o frutos secos”.

También ha aprendido los tiempos de sueño ideales, que no pasan de quince o veinte minutos “porque a partir de los cuarenta minutos el cuerpo entra en relajación y es mucho más difícil activarse”, dice.

Las temperaturas extremas y cambiantes son otro factor contra el que hay que luchar en esta prueba, que atraviesa varios husos horarios. “Empiezas el día con calor y a cierta hora de la noche ya llegas a cinco e incluso cero grados. Lo que mata es el frío y el sueño. Así que hay que parar a dormir, pero cuidando de ponerse ropa seca porque la vuelta a la carrera, con la humedad, también condiciona negativamente”, indica Patricio.

Con este aprendizaje (y, si hay suerte, sponsor de bicicleta), el corredor afincado en Lanzarote espera “si no llegar a tocar pódium, al menos sí hacer un buen papel, acabando la carrera” el próximo año.

De momento, ese reto ya está conseguido en la última edición de una prueba ideada por dos jóvenes, que propusieron al impulsor de la Red Bull Trans-Siberian Extreme, Paul Bruck, una inaudita carrera ciclista paralela a la vía del Transiberiano, primero ‘non stop’ (sin paradas), después sin hora de corte y, desde el pasado año, con límite de horario.

El propio Bruck definió esta cuarta edición como “la mejor carrera de escenario ultra-ciclista en el mundo” y su “proyecto de vida”; y resaltó la perfecta organización rusa, un país que se ha volcado con la prueba, “desde los ministerios de deporte y asuntos internos, la Policía en todo el país, alcaldes y administración regional, el comité olímpico ruso, la federación rusa de bicicleta, clubes locales y hasta la prensa local de los núcleos por los que discurrió la carrera”.

Doucet ya está curtido en pruebas extremas y de hecho fue el primer atleta en completar siete distancias Ironman seguidas en siete días en cada una de las siete islas canarias, hace tres años. Para incluir a La Graciosa, cruzó el Río a nado, hizo veinte kilómetros en bici y corrió cinco kilómetros en la Octava Isla. El pasado verano también realizó 17 distancias Ironman en 17 días, uno en cada comunidad autónoma española, retos ambos que nadie ha podido completar anteriormente.

Info: Diario de Lanzarote

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