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EGAN BERNAL SE CORONÓ EN NIZA

Se desató, a decenas de miles de kilómetros de casa, la guerra civil colombiana entre el hombre que hizo –hace– soñar a aquella afición con tardes de gloria amarilla en el mes de julio desde hace algo más de un lustro y el todavía imberbe aspirante que hace –hará– temblar los cimientos del pedal colombiano. Nairo Quintana (Movistar) quiso hoy dar un golpe de autoridad y reivindicar sus galones ante el empuje de Egan Bernal (Sky) que llegaba a la siempre traicionera etapa de Niza y su Col d’Èze como líder de la carrera con todo lo que ello implica.

Fue en la Côte de Peille (1ª categoría) donde el hombre de Movistar comenzó su particular partida de ajedrez con el príncipe llamado algún día a sucederle en el trono. Pero el monarca reinante no está dispuesto a abdicar todavía y regalándonos a todos esa versión suya valiente, atacante, descarada y algo inconsciente que nos enamoró en sus primeras dos apariciones en la Grande Boucle, puso en jaque a todo el Sky, que desesperado tiraba de Bernal sin ser capaz de detener la hemorragia de segundos que hacía peligrar el maillot amarillo que ayer consiguió vestir.

Quintana quemó su última nave, Marc Soler, en el descenso para, ya en solitario, tal y como mandan los cánones de belleza de las grandes gestas, tomar el mando de la situación en las rampas del siempre traicionero Col d’Èze. Es pronto, claro está, para determinar si ese ciclismo ofensivo anunciado por Quintana por un misterioso “habrá sorpresas” a principios de esta temporada es lo que hemos visto hoy en Francia o lo ya visto en el Tour de Colombia hace sólo unas semanas, pero si es así, el ciclismo y sus aficionados estamos de enhorabuena porque supondrá la recuperación de un estilo, muerto y enterrado ya el legado de Alberto Contador, absolutamente necesario para este deporte.

El hombre al que su forma de correr en los últimos años había granjeado no pocas críticas se mostró como hace años. Ofensivo y atacante. El que pueda, que me siga. En el ciclismo tiene, claro que sí, cabida la táctica y la calculadora, pero un espectáculo como el de hoy es el que forja las actuaciones que serán recordadas por los siglos de los siglos.

Con Bernal –y todo su Sky– contra las cuerdas, Quintana seguía, ajeno al pelotón que llevaba soldado a su rueda trasera dispuesto a robarle la etapa en las calles de Niza, ganando un pulso tan irregular como precioso. Tan nerviosos y al límite bajaban el Col d’Èze, por cuya cima ya transitó Quintana como líder virtual, que a punto estuvieron de irse al suelo Sosa y Geoghean-hart al tocarse en la entrada a una curva.

Quintana, que abría hueco en cada subida, perdía buena parte de lo que ganaba cuesta arriba cuando llegaba la bajada o el llano, terreno más favorable para el trabajo en equipo que estaba haciendo Sky. Junto al de Movistar circulaban Luisle Sánchez, Jon Izagirre (Astana), Grosschartner (Bora-Hansgrohe), Naesen (Ag2r-La Mondiale), Kelderman (Sunweb), Martínez, Van Garderen (EF-Education First), Simon Yates (Mitchelton-Scott) y Pozzovivo (Bahrain-Merida), pero ninguno quería darle un relevo al hombre que peleaba por el triunfo final.

Ya en las rampas del Col des Quatre Chemins fue Izagirre el que, dando continuidad a un ataque con pólvora mojada de Van Garderen, abría hueco para colocarse como cabeza de carrera en solitario. Quintana, que venía ya muy cascado tras la demostración de los kilómetros anteriores, no pudo seguir la rueda del vasco. Ni en esas circunstancias ninguno de sus compañeros de grupo se apiadó de él buscando evitar el triunfo parcial de Izagirre.

Fue ese el momento en el que Bernal comenzó a enderezar su zozobrado barco. Con Sosa haciendo una subida portentosa y Kwiatkowski como último peón para cuando llegara el momento, el jovencísimo líder volvía a poner las cosas a su favor, pero no podía relajarse. Iba a ser, como siempre en este terreno, un duelo a muerte hasta el final.

Quintana no se puso nervioso y trató de aprovechar el empuje que, con diez kilómetros todavía por delante, dio Naesen a su grupo. El belga veía que Jon Izagirre abría cada vez más hueco y trataba que no le escapasen todas las opciones de llevarse la etapa, pero no encontró aliados en ese trabajo. Más potente fue el cambio de ritmo de Yates, que Quintana trató se seguir ya sin éxito.

Comenzaban entonces los nueve kilómetros finales de descenso hasta la línea de meta del Paseo de los Ingleses. Izagirre era ya inalcanzable y se encaminaba hacia su primera victoria de etapa de este 2019 (segundo triunfo tras la general de la Comunitat Valenciana) que acababa con una sequía de más de año y medio tras aquel triunfo en la 20ª etapa del Tour de Francia de 2016.

En el pelotón, o lo que quedaba de él, Bernal asumía la persecución de Quintana en primera persona. El de Sky supo, y esta será una lección importantísima en su evolución, no entrar en pánico cuando todo parecía casi perdido y pudo, al fin, defender el liderato que le ha llevado a inscribir a su nombre la que, junto al Tour de California del pasado año, es, sin duda alguna, la victoria más importante de su todavía incipiente carrera.

Clasificaciones Completas 77ª París-Niza

Info: Ciclo 21

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