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Carlos Gándara: Amistad y sueño cumplido

Más de 1.300 km. en su handbike para abrazar a su hijo.

Contar historias fue desde el comienzo de la Humanidad el legado de supervivencia que permaneció hasta nuestros días, pero la de Carlos, es tan real que conmueve siempre recordarla.

Es un hombre especial por su fortaleza, «Pachi», como cariñosamente lo llaman sus amigos, nació en 1964 en la ciudad bonaerense de Adolfo Gonzales Chaves y desde temprana edad fue un apasionado por la bici, a tal punto que en su juventud más temprana ya competía en forma profesional.

Luego decidió trasladarse a la Patagonia con su familia buscando mejorar su situación económica y se instaló en Comodoro Rivadavia (Chubut).

Atento a su corazón noble logró mantener esos lazos de amistad que le había dado el ciclismo, vínculos que no se opacaron nunca, ni con el tiempo ni con las distancias, que se volvieron parte de esta historia de superación personal.

En el año 2012, Carlos fue protagonista de un accidente de tránsito en las cercanías de Río Colorado sobre la Ruta 151. Era parte de la rutina viajar a visitar a sus padres cuando el destino, ese que no pide permiso, le cambió la vida dejándolo parapléjico.

Pasaron años de rehabilitación y cambios profundos en su vida hasta que en el 2018 adentro de una bicicletería (con mates de por medio y ronda de amigos), nació la idea de armarle una bicicleta adaptada para que él volviera a reencontrarse con su deporte favorito.

Luego llegaría otro sueño superador, el de unir su ciudad natal con Comodoro Rivadavia para reencontrarse con familiares y amigos, pero por sobre todos los motivos, poder abrazar a su hijo después de más de un año de no poder verlo.

Hospitales y un helicóptero sanitario hoy permanecen en su memoria sabiendo que esa tragedia fue el propulsor para grandes sueños, para no dejarse vencer.

Luego del alta médica e instalado nuevamente en su ciudad natal, Carlos con 53 años, se preparaba para desafiarse a sí mismo una vez más y allí estaban ellos, sus amigos que siempre lo apoyaron y le dijeron presente.

Dos ciclistas profesionales de Junín que en otras épocas habían sido rivales en alguna carrera ahora se movilizaban para armarle una segunda bicicleta y que fuera parte de la travesía y se sumaron dos cicloturistas, que habían seguido la historia de cerca a través de la red social Facebook.

Carlos había creado el grupo Sotavento para darse a conocer y recibir colaboraciones, mientras tanto se entrenaba aferrándose a la vida, imaginando el encuentro de poder decirle a su hijo lo orgulloso que estaba de él con un poderoso mensaje: «todo se puede a pesar de las adversidades».

Llegó entonces el día. Once meses de preparación física y mental para que un 4 de marzo a las 9 de la mañana, Carlos saliera de su casa acompañado por sus  amigos. Eran 7 en total y no se conocían previamente. Eso fue todo. Eso fue suficiente.

El sol les brillaba en la cara cuando comenzaron la travesía en pleno verano por la Ruta 3, esa realidad emotiva estaba desnudando el motor que impulsa la vida y Braian su hijo aguardaba expectante con emoción del otro lado.
Mientras que por la carretera, Carlos muy bien escoltado por su Dios y los vientos del Sur, se abría paso dando pedal con sus manos.

Fueron 16 días de viaje, de emociones que no se olvidan y hoy más que nunca resuenan sus palabras después de haber logrado con éxito esta travesía de amor: «nada nos impide cumplir nuestros sueños»…

Escrito por Mónica Petrillo

Fotos aportadas por Carlos Gándara

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