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MURIÓ SALVADOR ORTEGA, GLORIA DEL CICLISMO SANJUANINO

Justo en el 2019, cuando se cumplieron 70 años de su máximo logro que fue convertirse (hasta hoy) en el único ciclista en haber ganador las cuatro clásicas del calendario de ruta del ciclismo sanjuanino, murió Salvador Ortega, una gloria del deporte pedal.

El histórico ciclista pocitano falleció este martes a los 93 años dejando un legado único y, a su vez, una marca que aún no fue superada por otro ciclista. Si bien no es el pedalero más ganador de clásicas, sí es el que pudo sumar todas a su rico palmarés.

En 1949 Salvador Ortega ganó la Doble Calingasta y completó un círculo único que desde entonces ningún ciclista pudo igualar. Ganó las cuatro competencias clásicas del ciclismo local. Entre ellas se incluyó una edición especial, la primera de la Doble Difunta Correa, corrida en 1947 en reemplazo de «la Calingasta» que ese año no se hizo porque una tormenta provocó una crecida que dejó inhabilitada la Ruta 12. Don Salvador, figura emblemática de Pocito, aparte de las dos citadas había ganado la Doble Media Agua (1940, 46, 47, 48) y la Mendoza-San Juan de 1948.

Con la instauración definitiva de «la Difunta» a partir de 1960, adquirió mayor relevancia lo conseguido por Ortega, quien a sus 94 años se dio el gusto de festejar con los integrantes de la agrupación ciclista que lleva su nombre los 70 años de la victoria en la Difunta Correa, haciendo una visita al santuario.

Ortega, ganador de todas, no es el que más clásicas ganó. Junto a Marcelo Riveros, también con siete, escolta a Roberto Bernard que se impuso en ocho. Claro que Bernard dividió sus victorias en cuatro Doble Difunta Correa (1975, 76, 78 y 81) y cuatro Doble Media Agua (1975, 80, 81 y 83).

«Completo», así se autodefinía Salvador Ortega

A Salvador Ortega la humildad y la pasión por el ciclismo le salía por los poros. Le daba vergüenza hablar de sí mismo. «Queda mal que yo lo diga, pero era completo. Embalaba como una bestia y era fuerte para conducir un tren en alguna fuga», explicaba mientras recuperaba su voz, convertida en un hilo cuando recordó a su madre en enero pasado. «A las 5 de la mañana la pobre Vieja se levantaba para hacerme un bife. Me iba a entrenar («sí, salía de noche») y cuando regresaba a las 8 para abrir la bicicletería, me esperaba con otro bife jugoso. Yo en las prácticas llenaba los bolsillos de frutas», contó cuando se le consultó cómo se alimentaba.

Muchos son los recuerdos que acudieron a su lúcida memoria cuando hablaba de ciclismo. Se enorgulleció de haberle ganado el campeonato de medio fondo a la figura de la época, Hugo Blanco. «Cuando terminó la carrera su mujer le preguntó qué le había pasado y él le contestó «al Gringo este no hay cómo ganarle-«. También reconoce la superioridad de José Fuentes en la velocidad: «Yo embalaba fuerte, pero él me ganó series de velocidad mirándome, ¡qué fuerte andaba!».

Junto a Fuentes dominó sin problemas dos ediciones de las «Dos horas a la Americana». Yo rodando sabía que no me largarían y para los embalajes lo dejaba a José, que le sacaba una bicicleta a cualquiera».

Le fastidia tener que utilizar una silla de ruedas, «mire cómo ando», su espíritu no se resignaba a no poder utilizar esas piernas que lo llenaron de gloria.

De cabeza, como le gustaba correr. Sin guardarse nada en una fuga que luego se convertiría en su victoria en la Doble Calingasta de 1949. 

Info: Diario de Cuyo

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