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A 1 DE CADA 5 ESPAÑOLES LE ROBAN SU BICICLETA

No pasaban más de diez minutos sin que Rafa comprobase que su amada bicicleta, una flamante plegable eléctrica, seguía en el lugar exacto donde la había dejado. Desde su mesa de la oficina en el centro de Madrid podía vigilarla, y eso le hacía sentirse seguro. ¿Quién podría romper un robusto candado y huir del lugar en cuestión de segundos sin ser visto?

Ocurrió. En el lapso de tiempo que Rafa empleó en atender una petición de su jefe y comprobar un par de correos electrónicos, volvió a levantar la vista y la bicicleta ya no seguía allí: se había esfumado, dejando tras de sí la desoladora imagen del candado reventado en el suelo. A plena luz del día, en una calle transitada.

“El c… que me la robó tenía mucha ciencia”, recuerda Rafa, todavía con la nostalgia de quien recuerda una bicicleta en la que se había gastado unos 1.500 euros. “Tenía un candado articulado. Uno bueno: ¡Me costó 70 pavos! Y no solía dejarla en la calle. Pero aquel día hice una excepción y pensé: ¿Cómo me la van a robar con un candado tan bueno y vigilándola cada poco tiempo? Pues ya ves”, lamenta.

Ana Santidrián, del colectivo ciclista zaragozano Bielas Salvajes, casi ha perdido la cuenta del número de robos que ha sufrido. “Me han robado cinco en total en ciudades como Burgos o Barcelona”, recuerda. Una pérdida que se vive con especial angustia. “He llorado mucho. Una bici es más que un cuadro, sistemas de dirección y transmisión y dos ruedas. Es mi compañera, una prolongación de mis piernas. Aunque a mucha gente le parezca ridículo, con la bicicleta creas un vínculo emocional”.

Los casos de Rafa y Ana no son residuales. Según el último Barómetro de la Bicicleta, que analiza la situación de la movilidad ciclista en España y sus principales retos, uno de cada cinco españoles ha sufrido el robo de su compañera de dos ruedas durante los últimos cinco años. Un problema que dificulta que más personas se animen a pedalear y contribuyan con ello a que todos vivamos en ciudades menos contaminadas y más silenciosas.

“Hablamos de un problema muy grave”, reconoce Ricardo Marqués, de la asociación ciclista sevillana A Contramano y miembro de la Coordinadora Conbici, que agrupa a las principales organizaciones del país en materia de ciclismo urbano.

“Es cierto que, cuando se pregunta a la gente por los principales motivos que tienen para no utilizar la bicicleta como medio de transporte, el principal es la seguridad frente al tráfico motorizado, pero el riesgo de sufrir un robo también es un factor determinante”.

“Desgraciadamente, la bicicleta es un objeto muy fácil de robar”, reconoce Marqués. “Al estar muchas de ellas en la calle y tener un valor inferior a 400 euros se considera un hurto. No es lo mismo que acceder a un domicilio a robar en cuanto a las consecuencias, lo que provoca que la mayoría de los robos queden impunes. Además, dado que carecen de un sistema de identificación, también son difíciles de recuperar. Pero no demos ideas, no vaya a ser que nos obliguen a matricularlas”, bromea.

Evidentemente, la culpa siempre es de los ladrones, pero Marqués también señala la responsabilidad de los propios ciclistas. “A veces voy por la calle y me llevo las manos a la cabeza al ver cómo están atadas muchas bicicletas”, cuenta.

“Creo que la mayoría de los robos se podrían evitar. Con un buen candado y sabiendo asegurar bien una bicicleta -la rueda delantera y la trasera además del cuadro-, lo normal es que no te la roben”.

Juan G. Alberdi, autor del libro “Manual Ilustrado del Ciclismo Urbano”, en el que ofrece consejos de cómo utilizar la bicicleta en la ciudad, es algo más optimista. “En los últimos años la gente ha aprendido mucho”, cuenta.

“Ya no se ven tantas bicis mal atadas o simplemente candadas con un cable de chichinabo: quien más y quien menos ya sabe que ha de invertir a partir de 60 euros para comprar un candado en “U” o uno articulado que le proporcione ciertas garantías. El problema es que los cacos ya están aprendiendo incluso a reventar los modelos menos seguros de este tipo de cierres”, cuenta.

En opinión de Alberdi, “al final, la seguridad de las bicicletas atadas en la calle pasará a la fuerza por los biciestacionamientos a cubierto que ofrezcan varias medidas de protección”.

Marqués coincide, y señala iniciativas que ya están caminando en esa dirección, “En la Universidad de Sevilla tenemos un sistema de corralas con un acceso restringido a la propia comunidad universitaria, lo que resuta muy útil”.

La pregunta es, ¿dónde acaban todas las bicicletas robadas? “La mayoría van a parar al mercado de segunda mano”, explica Marqués.

“En todas las ciudades hay mercadillos usadas”, cuenta Marqués. “Pero también hay bandas organizadas que roban masivamente bicicletas de alta gama. Y no es algo exclusivo de España: Holanda, paraíso de las bicicletas, está lleno de bicicletas que no paran de pasar de mano en mano tras haber sido robadas”.

José Luis Martínez Molina es dueño de una cadena de bicicletas de segunda mano, Recycling, que abrió en 2013 y cuenta con tiendas en Madrid y Barcelona.

“Nos cuidamos mucho de seguir un protocolo muy estricto a la hora de comprar una bicicleta. A menudo incluso actuamos como psicólogos para determinar si la bici es del cliente o no”, cuenta. “Exigimos a cada vendedor el DNI y tomamos nota del número de cuadro, que en el 95% de los casos se puede encontrar en la caja del pedalier”.

Ese número de cuadro, lo más parecido a una matrícula, es lo que ha permitido a unos pocos afortunados recuperar su bicicleta robada. “Estamos conectados con la Policía Nacional para que nos ayude a arrestar a los la posibles ladrones”, cuenta José Luis. Algo que ha sucedido en varias ocasiones. “Estoy encantado de poder ayudar a combatir los robos: es una lacra que sufrimos todos los ciclistas y entre todos hay que acabar con ella”.

Info: La Sexta

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